Se despertó de madrugada. Estaba amaneciendo . Agarró un cigarillo y se envolvió con uno de sus kimonos. Salió a la terraza,encendió su pitillo y aspiró cada calada con gusto y el mismo placer que le regaló aquella noche de primavera con el fresco de aquel inminente amanecer y el olor de las flores y hierbas que ella misma cuidaba con mimo cada día. Pensó mientras fumaba en qué se había convertido, se quedó un buen rato mirando aquel precioso cielo. Como había podido subsistir sin salir a tomar el aire nocturno tanto tiempo? Qué se lo había impedido? Qué la estaba mustiando para no querer salir desnuda a sentir el viento acariciando su cuerpo . Ella pertenecía a los elementos, a ella misma, al aire , al mar, a la tierra y a su fuego interno. El que la estaba quemando por dentro ese que tenía en su mirada , la pasión por la vida, los sueños por cumplir y la capacidad de no perder nunca la ilusión.
Apagó su cigarro y se propuso algo muy sencillo :no dejar que nada ni nadie le impidiera disfrutar de la soledad y los misterios de la noche, del influjo de la luna, ni de privarse de salir desnuda a la interperie. Se propuso no dejar de bailar descalza y a la vez subirse a esos zapatos de tacon que tanto le gustaban y le ayudaban a sentirse más segura , bonita, sexy y estilizada. No dejar d pisar fuerte cuando tocara o pasar d puntillas. No posponer muxho más las escapadas al mar, ese mágico lugar donde siempre encontraba una cura natura. Sobre todo se prometió no dejar que su fuego interno se apagara jamás, aunque quedasen brasas, ella no podía renunciar a su alquimia sagrada. Ella no era cualquiera aunque su fuego no brillara ni estuviera exultante como otras veces, era una Sacerdotisa no tenía que temer a nada pq el poder vivía en ella.
Se negaba a vivir en un mundo ordinario.

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