El fetiche es explorado como fuente de inspiración y creatividad en una relación emocional y de devoción que se genera con determinadas prendas, accesorios, colores, materiales y tendencias.... indagar las distintas aristas que los fetichismos abarcan son una densa pretensión. Una suerte de sumergión subterránea.
Estimular el deseo sin responder a su vez a él, es el objetivo del proceso de seducción. Ello supone atribuirse una clase de poder: el de la manipulación deliberada del deseo del otro y el de su domesticación voluntaria.
Pero también, para quien seduce, se exige un acto de conversión: pasar a ser objeto de adoración para otros implica asumir la frialdad o soberbia del ídolo, enmascarar la propia naturaleza como la fragilidad y "aparecer" como un "otro" suficientemente impenetrable e inalcanzable Todo seductor, en vez de aproximarse, se va a esforzar en afirmar una cierta distancia Toda persona atrayente no debería describirse como tal.
Ninguna emoción, debilidad, vulnerablidad, fragilidad,envejecimiento o decadencia pueden dejarse entrever a la mirada de los otros. Acceder a la inmutabilidad de las máscaras, transformarse a sí mismo en máscara, llevar todo el cuerpo a la condición natural, la que se hace necesario negar, para que brille constantemente y solo, la apariencia. De esta clase de fetichismo vivimos todos, en un imaginario en el que somos para siempre eternos.
Es como darse a conocer tal y como somos, sin nuestro exterior como condicionante o nuestra verdadera identidad.
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