sábado, 1 de abril de 2017

Fauna



Pendoneando por las calles de Fuengirola, observo a varias señoritas de vestimenta kinkillera, y algunos tatuajes en sus cuerpos menudos. Se me antojan como reinas de belleza destronadas, como bailarinas de cajas de música rotas. Cuanto potencial intuyo. Observo miradas y semblantes extraños, muñecas libidinosas de inocencia destruida que rastrean por las calles al acecho de sus presas.
Yo también como buena olfateadora pronto me percato del espectáculo, aunque tampoco hace falta ser muy sagaz para darse cuenta. No puedo evitar sentir ardor de estómago al ver a esas niñas tan jóvenes por esos lares tirándose al cuello de posibles clientes, en una de las arterias principales de la ciudad, negociando sus cuerpos como unidades de medida.

En la meca del vicio. La costa del Sol.
Señoritas de candidez extraviada, de no más de 20 años, y diría que por sus facciones finas, cabello liso y tez pálida, eran de países del este, pero la nacionalidad da igual, eran preciosas, a pesar de su atuendo poligonero.
En busca de una bragueta fácil para pagarse quizás la dosis nocturna o simplemente para subsistir. Camellos y gramilleros ,proxenetas ,guiris que vienen a darlo todo en manadas, pendencieros y malechores merodean la zona.
Pero a mi m huele demasiado a vicio, a depravad@ y a bandoler@.

Me entran ardores y para esto no hay protector de estómago= omeprazol, al pensar que algunas habrán tenido que madurar a base de realidades crudas, al imaginarlas penetradas en rincones oscuros de algun callejón hediento por culpa de algún jugo descompuesto o en la parte trasera de algún  coche por varios individuos ansiosos, o algún viajante sudoroso apestando a alcohol. Sin hacer un esfuerzo, aquí no se sabe cual es la víctima. Y por más veces que contemple escenas similares, no me insensibilizo.



Entre sustancias de diferentes colores para evadirse de una realidad puerca,porque no, no tengo el don de adivinar cual fue el primero de sus vicios, ni me siento en el derecho de juzgar, no tengo esa capacidad. Me imagino a esas lolitas vivarachas bajando y regateando sus tarifas, trabajando en las peligrosas calles y vendiendo todos sus rincones corporales, abordando a los turistas bebidos sin mostrar ese miedo que nunca debieron perder,y no siempre para llevarlos a la cama sino para robarles o sacarles los cuartos, todo por llevar algo de pan a casa, sobrevivir ,mantener a algun hijo de puta que las coacciona o manipula, para costearse eso que palidece, demacra rostros y secuestra almas. O simplemente porque les da la gana.
 Llega la madrugada y la hora álgida cuando la costa del sol deja de ser la Málaga de prestigio que vive de su imagen, y se desnuda una verdad escondida. Esa de la que no quieren hablar. Incluso un mundo feo, sí, puede contener otro dentro aún mas horrible. Ésto viene a recordarnos la costa del sol bañada en oscuridad. Se abre otro telón.



Vicio y mas vicio, fauna callejera, locales de juego, clubes y burdeles donde cientos de caballeros cierran y celebran sus negocios,
donde se vacian bolsitas de plástico , donde los gallitos cacarean y dnd hacen su agosto l@s chupador@s d sangre y captadores de vulnerables identidades .  Donde acuden también  aquellos que reniegan de ello y donde la oscuridad se torna lúgubre.
 Y lo que me hace recordar que todos en algún momento somos la presa y también  el cazador.

El amargor baja x mi garganta. Es la subsistencia más cruda.

La prostitución ni mucho menos va ligada a la adicción, abusos, coacciones o altaneria, ni a la pasividad, muchas chicas la ejercen libremente, muy dignamente y con mucha humanidad.Existen varios tipos de prostitución y hay que abordarlos de diferente manera. Éste es el eterno debate. A mi ne parece genial que una chica trabaje porque quiera, lo que me indigna es el abuso.




Una realidad que a mi me pone los pelos de punta y que no podemos hacer invisible.

La vida a veces no entiende de justicia, sino de supervivencia.



Tendré que viajar más...

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