viernes, 13 de mayo de 2016

El enigma

En la oscuridad de la habitación,  sucia de sudor y silencio, se escucha una voz profunda que habla:


                 Dakhma
Conocí la historia de un hombre obsesionado con una idea. La idea de leer el mundo. Mario Ruoppolo le preguntó a Neruda si el mundo no sería más que una metáfora de otra cosa. Este hombre quería descubrir qué era esa otra cosa. Por eso fatigaba las calles y las noches, los libros y los días,  tratando de descifrar el universo.
Fue inútil, hay tantas cosas poblando cada instante de nuestras vidas, hay tantos significados acechando detrás de cada cosa, incluso las más elementales,  que se sintió abrumado. Casi desiste.

En el espejo de los enigmas, Borges recuerda una frase de Bloy que afirma que todas las personas son un símbolo de algo que ignoran, que había marcado su destino.

Las respuestas eran anodinas, repetitivas,inservibles. Algún asombro encontró en sus pesquisas, pero más que respuestas directas, sentía que algo detrás de ellas brillaba, sentía que una maravilla lo aguardaba si lograba atraparlas.
Pensó como cazador, decidió tender trampas al destino. Buscó una estrategia más indirecta : Dejó de preguntarle a la gente por el significado de su vida y empezó a tratar de descubrirlo a partir de indicios de ella. Le preguntaba a la gente que cosas parecían anodinas: el color de sus sueños,  la música con la que llenan el silencio, el tamaño de sus pies y las veces que se han caído por una escalera.
Con esos detalles intentaba construir ese significado oculto como quien arma un rompecabezas con pequeñas piezas que individualmente parecen no tener sentido,  pero que en conjunto tal vez revelen una figura insospechada. Un rompecabezas infinito que armaba en una habitación oscura.


En el signo de los tres leyó sobre Morelli, un médico e historiador de arte que descubrió que la mejor forma de atribuir una obra a un autor no era por la composición o la figura, era por los pequeños detalles en los que nadie parecía fijarse: la comisura de su boca, la forma de sus dedos de los pies... Idea que en epistemología, medicina y criminalistica se conoce como "modelo conjetural". El hombre recordó que ya lo había dicho Flaubert: "Dios está en los detalles".


Morelli le enseñó que en las cosas que menos controlamos es en la que más está nuestra esencia. Cuando actuamos deliberadamente intentamos dar una impresión falaz de nosotros mismos. Somos una mentira perpetua, palpitante, pero los pequeños detalles en los que no nos fijamos  ( una mirada, un silencio, un tropiezo), aún conservan nuestra verdad.
El hombre decidió espiar las miradas ajenas, la forma en que agitaban las manos, lo que hacían cuando dejaban caer un vaso o la forma en que reían. Empezó a atisbar un sentido detrás de algunas cosas, a sospechar el verdadero rostro que yace en el fondo de todos nosotros, pero aún era demasiado difícil,  aún no veía con claridad el lenguaje en el que estaba escrito ese secreto.
La persistente sucesión de lo cotidiano era un ruido que opacaba aquello que casi oía,  una neblina que empañaba  lo que casi creía ver. Repetimos tanto los gestos, las palabras,  las caricias, que van perdiendo su fuerza, vamos desgastando su significado.
En un libro de Milan Kundera encontró la historia de un alguien que quería atrapar la individualidad de las personas,  mediante la búsqueda de aquello más secreto,  que aquello que reservamos del mundo. Kundera se preguntaba por aquello que hace únicas a las personas y que no muestran a los demás y postuló el erotismo innato como respuesta.

Venus O Hara

El erotismo es algo que está unido a lo más íntimo de nosotros, es una línea directa al fondo de nuestra alma, a nuestro secreto. Así como cada libro contiene un enigma que requiere ser descifrado mediante múltiples lecturas,  el enigma de cada persona está cifrado en muchas formas y requiere de muchas lecturas. En todo lo que el hombre ya había explorado halló indicios de este enigma, pero en la sicalipsis*de los cuerpos encontró una última llave para descifrar las almas .

Los cuerpos eran libros,  le contaban historias, describían conceptos. Cuerpos como ensayos, precisos y eficientes. Cuerpos imperfectos que contaban hermosas historias. Almas oscuras en cuerpos luminosos. Mentes l aberinticas en cuerpos exhaustos. Recorrió cada persona como un enigma y los fue descifrando hasta robarles un trozo de alma.
Con un lenguaje de piel y sombras, de gemidos y silencios, de lunares y miradas, empezó a edificar una teoría del alma humana. El hombre decidió leer ese lenguaje. Agotaba noches y cuerpos,  saltaba de un enigma a otro con la acidez de un lector que fatiga una bibliografía.
Este hombre encontró una vez un enigma, una persona que pedía ser descifrado. Una mente barroca de callejones oscuros, un cuerpo que le hablaba como un poema. Un enigma cifrado en un rico lenguaje,  de claroscuros, de luz y sombra,
de música y ausencia, de calma y efervescencia, un enigma que le parecía inagotable, infinito. Muchas veces trató de olvidarlo, de seguir adelante con su búsqueda, pero siempre volvía, nunca lograba terminar de leer su historia, de descifrar su símbolo.

Conozco bien la historia , por eso he regresado, y por eso me he quedado esta noche hasta que llegó el alba.





El verdadero erotismo está en los pequeños detalles, y ante la cotidianeidad que nos consume y agota, dejamos de apreciar aquellos pequeños lapsos que podrían encender todos nuestros sentidos. No basta con lo que vemos para transportarnos a una realidad en la que el placer no está prohibido.



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