jueves, 26 de mayo de 2016

El erotismo como el octavo arte




La enumeración de las Artes proviene de una clasificación realizada durante el periodo helenístico, en la cual se fijó como el arte más importante a la poesía. De ella, se argumentaba, provenían todas las demás Artes existentes.
El arte ha sido, a lo largo de la historia,  un aspecto intrínsecamente ligado a la vida del hombre, sirviendo como medio de expresión y también como un lenguaje universal en el que la belleza y la estética prevalecen. Fue en la antigua Grecia donde surgió la división entre las Artes superiores, creadas para ser apreciadas con los ojos y con los oídos,  y las menores mucho más táctiles.  De las Artes superiores vienen 6 de las que hoy conocemos como Bellas Artes, más una que fue añadida en El S.XX.
Y no está acaso implícito el erotismo en todo tipo de arte. Pues éste debería ser el octavo por añadir. Porque arte es expresar ideas, emociones o una visión del mundo. El arte expresa percepciones y sensaciones que tienen los seres humanos que no son explicables de otro modo.


El erotismo se expresa en el arte de muchas maneras que nos muestran la belleza de un mundo real o de fantasía,  donde los cuerpos o las formas dicen más que cualquier palabra.

Porque no se puede negar que el erótico es un arte: literatura erótica, pinturas o esculturas eróticas. En general se suele nombrar como arte erótico aquel que provoca un placer que involucra al cuerpo mediante los sentidos. Frente una obra de arte que emociona y conmueve profundamente, uno siente algo pare
cido al deseo físico: deseamos de algún modo poseer ese cuadro, la música, la belleza aunque relativa, deseamos esa obra de arte. Ese deseo proviene de la conciencia de la propia muerte y de nuestra imposibilidad de conocer la realidad.

En una novela de Pierre Klossowski, Roberte, esta noche,Octave, el marido de Roberte sufre porque no puede poseer a su mujer por completo. No puede conocerla desde el punto de vista de otros.  Este hecho la vuelve misteriosa y así, Roberte nunca es poseída del todo y esto lleva a Octave a la perversión de espiarla cuando está con otros hombres para tratar de entrever aquello que le resulta imposible de conocer.

El deseo de ``poseer´´ el ``secreto´´de una obra de arte que nos ha conmovido profundamente  permite establecer un paralelismo: podríamos decir que uno realmente se enamora de las obras, desea contemplarlas desde todos los posibles puntos de vista; siente por ellas una nostalgia premonitoria. Pronto partiremos y el tiempo para conocerla y disfrutarla es breve. Volvemos cada vez que nos es posible a mirar algunos cuadros y lamentamos tener que irnos y dejarlos.
Nos resulta penoso pensar que ya no los tendremos cerca como si tuviésemos que abandonar a un amor. Lamentamos el final de un concierto y tratamos de prolongar su recuerdo en la memoria. Sentimos pena cuando una obra de teatro que disfrutamos llega a su fin, o cuando terminamos de leer un libro o una pieza musical. Recorremos los libros leídos en nuestra memoria y hablamos de ellos con lujuria. Y muchas veces asociamos la emoción estética al orgasmo, a esa pequeña muerte de los franceses.
Lo prohíbido y lo oculto es misterioso y ese misterio es el encargado de hacer surgir el deseo, Si definimos arte como erótico porque hace mayor referencia directa y clara a aspectos sexuales, no tenemos en cuenta que el erotismo se define más por lo que oculta que por lo que muestra y es mucho más eficaz cuanto más oscuro de interpretar.

A veces en la obra de arte, en su parte invisible, oculta prohibida, reprimida se representan la posibilidad de que el receptor se vea envuelto y seducido. También existe una condición en la que el arte erótico debe seducirnos, conmover nuestros sentidos para atraernos. El erotismo es el amor por la belleza, el erotismo no es una moral.

Para que hallamos podido conocer la belleza, hemos tenido que ser conscientes de su fugacidad, saber que ella no nos pertenece para siempre. La consciencia del instante que huye nos fascina, deseamos aquello que muere: el saber que moriremos nos lleva a la búsqueda de la belleza con la ansiedad de quien se sabe finito. Así, el erotismo se impone como un ejercicio de voluntad para prolongar el placer que nos causa la belleza. Prolongar el placer es ir en contra de la muerte. Lo inacabado de las obras de arte, aquel elemento que permite la interpretación, que atrae sobre sí el discurso de la crítica, es su defensa.
Porque Octave se equivoca si cree que va a poder poseer finalmente a Roberta. La Roberta que se le escapa, aquella por la cual padece,  Lo que Octave quiere poseer no es su mujer. Y si pudiera poserla, entonces ya no la desearía. Roberta, al igual que el texto artístico deben su vida a lo inacabado.




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