domingo, 28 de febrero de 2016

Que toda la vida es fantasía, y las fantasías, fantasías son.

By Arola Poch:

 Con permiso de Calderón de la Barca  (que espero que no se retuerza en su tumba),  adapto sus famosas palabras para referirme a las fantasías sexuales.


Las fantasías dejan volar la imaginación y nos llevan a sitios, momentos y situaciones a priori agradables, deseables y a veces inalcanzables, sea consciente o insconcientemente.  Son sanas y, bajo mi punto de vista, recomendables. A nivel sexual hemos dejarnos llevar también por ellas.
El sexo, la excitación, está en la mente y no hay que ponerle trabas o tabúes a la imaginación.

Otra cosa diferente es si queremos cumplir esas fantasías.
Conozco quien dice que las fantasías están para realizarlas. Pero no lo tengo yo tan claro. Algunas cosas que suceden en mi mente prefiero que se queden ahí porque tengo la impresión de que como fantasía son la bomba pero si las llevo a cabo realmente puede que me decepcionen, no me vea haciéndolas o me guste tanto que no sepa establecer límites y no sepa parar.
Las fantasías son, al fin y al cabo, representaciones mentales idealizadas. Pero insisto que las fantasías en sí mismas me parecen buenas, sanas y hasta necesarias: liberan la mente, alimentan el deseo e intensifican el placer.


Palabras que dedico a aquellos que opinan que los masajes eróticos sin contenido sexual explícito no son merecedores de ser unas de las experiencias más intensas que se puedan experimentar.

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