lunes, 27 de abril de 2015

Momentos Únicos



Mientras saboreo y me deleito con el sabor y el aroma de una taza de chocolate caliente, añoro el aroma que desprenden los cuerpos ardientes de deseo. 

Noto como los restos de azucar se
deshacen en mi boca, como el sabor se impregna, como desciende por mi garganta, y esa sensacion de calidez que me reconforta en un dia cualquiera de frio invierno . Y evoco sensaciones al recordar observandote como te relamias los restos de cacao de tus labios, con el albornoz puesto.
Y me pregunto: donde quedarán nuestras vivencias, nuestros recuerdos... quiero volver a sentirme como en aquellos momentos.

Si había un lugar en el que nos sentíamos a gusto era bajo el chorro de agua caliente, donde la mente se despejaba , nuestros músculos se relajaban y nuestros pensamientos negativos se ausentaban.
Con aquella buena música Soul jazz de fondo, velas aromáticas y tu anhelada compañía. Donde el tiempo no corría,  donde suspirabamos sin cesar y exhalábamos los vapores aromatizados del agua caliente, inmersos en nuestro mundo, alejados de los problemas cotidianos y aislados de las temperaturas del frío invierno. Que intensas sensaciones, se nos erizaba la piel, la zona erógena más extensa de nuestro cuerpo.

Rociaba con agua caliente y espuma toda tu geografía corporal, tu cuello, tus hombros, tu pecho, tu vientre, tus piernas.... nos manteniamos en silencio, no hacia falta decirnos nada, era pura comunicación táctil y erotica corporal.
Enjabonaba tu cuerpo suavemente, sutilmente,  recuerdo tus movimientos lentos, tus gestos, tus suspiros, tu respiración profunda y relajada, tu mirada hechizante y casi hipnótica, recuerdo la intensidad de aquel momento.
Disfrutábamos impregnados de un olor especial a vainilla y canela...

Y todo esto venía a mi mente sin provocarlo, degustando mi taza de chocolate caliente con los ojos cerrados, sólo bastó el aroma del recuerdo de una fría y cálida tarde de invierno para devolverme aquellas sensaciones robadas por mi mism@.
Tan placentera, irresistible y adictiva era aquella agradable emoción, que estimula mis endorfinas y provoca esta sensación ilusoria de bienestar, placer y excitación.
Dicen que el chocolate provoca efectos afrodisíacos y analgésicos, pero yo creo que cada instante que vivimos es único e irrepetible en el espacio y el tiempo, y que por ello hay momentos que quedan grabados a fuego en nuestro interior, y esas sensaciones perduran en el tiempo y basta con un leve gesto, aroma, imagen o detalle para que evoque y despierte nuestro recuerdo, para poder volver a ellas y revivirlas con los ojos cerrados o incluso soñando, porque quedan guardadas en el subconsciente. No se pierden, aunque a veces las creamos perdidas para siempre, las sensaciones se mantienen guardadas como tesoro en ese rinconcito de nuestro ser, de nuestra mente, donde podemos volar cerrando nuestros ojos para viajar de nuevo a aquel instante mágico. Sensaciones que no sabes si volverás a experimentar, pero que en ti quedarán por siempre, en tu recuerdo.
Vivencias que nadie te podrá robar, siempre serán tuyas, nuestras. Es por eso que adoro los placeres efímeros que dejan huella en el alma y el corazón.



Hay momentos compartidos con personas que nunca sabes si van a volver, pero en tí quedan grabados su voz, su perfume, su sonrisa, sus gestos, sus caricias y tantas cosas que nunca querrías perder.



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